La conducta consciente: La práctica de los cinco preceptos (2 de 5)

-Imagen de Tara Blanca, deidad femenina de la compasión y la larga vida dentro del budismo tibetano, lugar y artista desconocido.-

Compartimos unos fragmentos del libro ¨Vipassana¨de Joseph Goldtein y Jack Kornfield sobre los Cinco Preceptos con una práctica semanal incluida. En éste segundo trozo, hablaremos del segundo: abstenerse de robar y la generosidad.

La conducta consciente: La práctica de los cinco preceptos (2 de 5)

El segundo precepto, abstenerse de robar, quiere decir que no debemos tomar aquello que no nos pertenece. No robar también se denomina el no dañar fundamental. Debemos dejar de ser codiciosos y tratar de no acumular en exceso. En un sentido positivo significa también que debemos utilizar las cosas atenta y cuidadosamente y tomar conciencia de que estamos compartiendo la vida en este planeta. El mundo es como una gran nave que transporta a numerosos seres y para sobrevivir necesitamos tanto de las plantas como de los animales y de los insectos. Todos los seres tienen derecho a compartir los recursos de que dispone el planeta.

Estamos íntimamente relacionados con las abejas, los insectos y los gusanos ya que, si no hubiera gusanos que oxigenaran el suelo ni abejas que polinizaran las cosechas, todos nosotros terminaríamos muriéndonos de hambre. La estrecha interrelación existente entre todos los seres vivos hace que todos, hasta las abejas y los insectos más pequeños, sean necesarios. Si aprendemos a amar a la tierra nos sentiremos satisfechos y estaremos contentos con todo lo que hagamos. El origen de la auténtica ecología, el punto de partida que puede hacer posible la paz en este mundo, consiste en el sentimiento de pertenencia al planeta, el sentimiento de que todos procedemos del planeta y de que todos estamos estrechamente interrelacionados. Sólo a partir de este sentimiento de participación podremos comprometernos realmente y desarrollar un estilo de vida más generoso y más amable para con el mundo. El cultivo de la generosidad constituye, pues, un elemento esencial de la vida espiritual que, al igual que ocurre con el adiestramiento en los preceptos y en la meditación, puede ser practicado de modo que su espíritu informe todas nuestras acciones y haga que nuestros corazones se tomen más fuertes pero también más ligeros, lo cual, a su vez, nos posibilitará el acceso a niveles de mayor desprendimiento y felicidad. El Buda subrayó la importancia de la generosidad cuando dijo «Si supierais lo que yo sé sobre el poder de la generosidad no tomaríais un solo bocado sin tratar de compartirlo, de algún modo, con todos los seres vivientes».


Tradicionalmente se describen tres tipos de generosidad, pero cada uno de nosotros debe acometer la práctica en su propio nivel. Al principio, por ejemplo, la práctica de la generosidad
se reduce a una mera tentativa, como cuando nos sobra algo y pensamos «No creo que esto me sirva de nada. Tal vez debiera dárselo a otra persona. Pero no, mejor lo guardaré para
el año que viene, aunque, después de todo, será mejor que se lo dé a alguien». Pero aun este rudimentario nivel de generosidad es positivo porque no sólo nos proporciona cierta satisfacción
sino que, además, puede servir de ayuda a otra persona. Este tipo de generosidad es, en definitiva, una forma de compartir y de relacionarnos con los demás.

-Estatua de Guanyin, bodhissatva de la compasión, principios del s.XII, China.-


El siguiente nivel de la generosidad consiste en dar amablemente. Es como si pidiéramos a nuestra hermana o hermano que compartiera lo que nosotros tenemos, que disfrutara con aquello que nos proporciona placer. Compartir abiertamente nuestro tiempo, nuestra energía y nuestras posesiones es una tarea muy hermosa. El hecho es que no necesitamos acumular demasiadas cosas para ser felices sino que es la relación que establecemos con el flujo cambiante de la vida lo que determina, en última instancia, nuestro grado de felicidad o de sufrimiento. La felicidad sólo dimana de nuestro propio corazón.

El tercer nivel de la generosidad consiste en dar con amabilidad y bondad. En este caso, tomamos algo -y a sea nuestro tiempo, nuestra energía o un objeto que valoremos- y se lo ofrecemos a alguien diciéndole «Quisiera que tú también disfrutaras de esto». En este caso, es como si nuestra propia felicidad dependiera del hecho de ser capaces de compartir nuestras posesiones. El aprendizaje de este tipo de generosidad es un proceso muy hermoso.

Pero aprender a ser más generosos y a compartir nuestro tiempo, nuestra energía, nuestras posesiones y nuestro dinero no significa, en modo alguno, que debamos hacerlo para acomodamos
a una imagen ideal de nosotros mismos o porque queramos complacer a alguna autoridad extrema sino porque comprendemos que la generosidad es una de las causas de la felicidad. Tampoco estamos diciendo, por supuesto, que debamos despojamos de todas nuestras posesiones ya que eso sería desproporcionado y también debemos mostramos compasivos y generosos, en definitiva, con nosotros mismos. La comprensión del poder de la práctica de este tipo de apertura es algo
muy especial y, de hecho, constituye un verdadero privilegio.

PRÁCTICA SEMANAL

  • Abstenerse de robar: cuidar las posesiones materiales.
    Debemos tratar de llevar a la práctica durante una semana cada
    pensamiento generoso que surja en nuestro corazón.

Fuente: ¨Vipassana, el camino para la meditación interior¨, Joseph Goldstein y Jack Kornfield. Editorial Kairós.

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