La conducta consciente: La práctica de los cinco preceptos (1 de 5)

-Mandala de la escuela de budismo japonés Shingon-

Compartimos unos fragmentos del libro ¨Vipassana¨de Joseph Goldtein y Jack Kornfield sobre los Cinco Preceptos con una práctica semanal incluida. En éste primer trozo, hablaremos del primero: abstenerse de quitar la vida.

La conducta consciente: La práctica de los cinco preceptos (1 de 5)

El primer punto, la conducta consciente o virtuosa, significa actuar respetuosa y armónicamente hacia toda forma de vida. Para desarrollar la práctica espiritual es absolutamente imprescindible que nuestra vida se asiente en una conducta ética. Si nuestras acciones generan sufrimiento y conflicto en los demás y en nosotros mismos será imposible que podamos aquietar, recoger y concentrar nuestra mente en la meditación y también será imposible que lleguemos a experimentar la apertura del corazón. Sólo aquella mente que se halle firmemente asentada en el altruismo y la verdad puede desarrollar fácilmente la concentración y la sabiduría.

El Buda subrayó cinco aspectos éticos fundamentales que contribuyen al desarrollo de una vida consciente, cinco preceptos básicos en los que deben adiestrarse todos aquéllos que aspiren a seguir el sendero de la atención plena. No obstante, éstos preceptos no deben ser considerados como si se tratara de mandamientos absolutos sino que constituyen, por el contrario, directrices prácticas que nos ayudan a vivir de una modos más equilibrado y contribuyen, de éste modo, a desarrollar la paz y el potencial de nuestra mente. Cuanto más trabajemos con ellos más descubriremos que tienen un carácter universal y que son aplicable a todas las cultural y a todas las situaciones. Éstos preceptos constituyen un objeto fundamental de atención que no podemos dejar de cultivar en nuestra vida espiritual.

El primer precepto, abstenerse de quitar la vida (un aspecto que, en el Noble Óctuple Sendero, se encuadraría dentro del apartado de la acción correcta), significa que debemos respetar y reverencias toda forma de vida, impidiendo que el rechazo o la aversión nos lleven a dañar a cualquier criatura viva.

Aunque lo que acabamos de decir parezca evidente, siempre nos las arreglamos para olvidarlo. Hace algunos años, el New Yorker publicó una tira cómica durante la temporada de caza en la que un ciervo se dirige a otro y le dice (refiriéndose a los seres humanos): ¨¿Por qué no se dedican a diezmar a sus propias manadas?¨. El hecho es que nos encontramos justificaciones para todo como, por ejemplo, que hay demasiados ciervos pero, a medida que nos hacemos más conscientes y nos relacionamos más profundamente con la vida, más cuenta nos damos de que no debemos infligir el más mínimo daño a otros seres y, mucho menos, quitarles la vida. Nadie, ni siquiera la más pequeña de las criaturas, desea morir. Y cuando tratamos de llevar a la práctica éste precepto no sólo dejamos de dañar a los demás sino que también dejamos de hacernos daño a nosotros mismos.

PRÁCTICA SEMANAL:

  • Abstenerse de matar: respetar la vida. Debemos tomar la firme resolución, durante una semana, de no dañar, con nuestro pensamiento, con nuestra palabra o con nuestra acción, a ninguna criatura viva. Tenemos que ser especialmente conscientes de todos los seres vivos que pueblan nuestro mundo (personas, animales y plantas) que normalmente ignoramos y cultivar
    un sentimiento de atención y de respeto hacia todos ellos.

Fuente: ¨Vipassana, el camino para la meditación interior¨, Joseph Goldstein y Jack Kornfield. Editorial Kairós.

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